Reseña 6 “¿Para qué sirve analizar el discurso político?”

11.01.2020 01:31

La política es la ciencia y el arte de convencer a través de las palabras, los movimientos y gestos fríamente calculados, hasta la improvisación funciona al momento de manipular al espectador,  es darle más de lo que necesita para creer, para sentir que su vida y futuro quedarán en buenas manos, por ello cuando ya ha votado,  queda decepcionado al descubrir que quien lo convenció para depositar su voto,  no era el mismo que se candidatizó y le convenció en campaña; similar situación ocurre,  generalmente en el  matrimonio;  en el primer año de casados, el encanto sucumbe  y si sobreviven como pareja,  es porque crean nuevos motivos y excusas para compartir,  de  esta forma, los matrimonios se alargan cargados de grandes martirios; igualmente,  los sufragantes soportan el largo mandato a regañadientes,  o a punta de cacerolazos, y son tan porfiados, que dentro de opciones pésimas futuras,  terminan reeligiendo a quien perpetuará su suplicio;  algo tenemos de masoquistas los humanos,  que nos empecinamos  en arrastrar tan pesadas cruces. 

 

"El tiempo de la instancia ciudadana es el tiempo de lo inmediato, frente a la impaciencia de lo que sea recuperada una situación degradada de la cual es la víctima, directa o indirecta "¡Basta ya!". Charaudeau, 2002 pág. 117.

 

 

La obra del profesor de Ciencias del Lenguaje en la universidad de Paris-XIII,  al igual que la de Chilton y Schaffne,  se inicia con importantes preguntas,  no sin antes advertir que ya existen otros análisis del discurso, pero el autor recalca que se aportará a los ya existentes; de hecho la obra empieza con interrogantes que se van ampliando en la medida en que surge el análisis y que por lo mismo, trata de direccionarlo  a  la verificación de la hipótesis planteada “…el discurso político carece de sentido fuera de Ia acción y que esta entraña, para el sujeto político, el ejercicio de un poder. Por lo tanto, es preciso que una teoría del discurso diga cómo concibe las relaciones entre discurso, acción y poder”. (Charaudeau, 2002, pág. 109).

 

Entre esos interrogantes, al igual que los planteados por Chilton y Schaffner en su obra “Discurso y política”, son esenciales a la hora de analizar los discursos políticos, entre estos interrogantes encontramos: “¿Para qué sirve analizar el discurso político? ¿Tal pregunta está fuera de lugar? ¿Aporta a un análisis del discurso que los análisis publicados en la prensa, ya sea que estos provengan de periodistas o de intelectuales comprometidos? ¿Se diferencia tal análisis de los estudios procedentes de otras disciplinas, tales como la sociología, la antropología social, las ciencias políticas o la historia?” (Charaudeau, 2002, pág. 109).

 

Entre la estructura de su discurso hay orden secuencial que va de lo particular a lo general, en su evolución temática se pueden destacar los siguientes desarrollos: Una parte introductoria que interroga los alcances y limitaciones del discurso, “Discurso y acción, Discurso y poder, El discurso político fragmentado, El dispositivo comunicacional del discurso político, Las instancias del dispositivo, El dispositivo como marco de soberanía”. (Charaudeau, 2002, págs. 109-124).

 

Charaudeau deja como apartado final para cerrar su análisis, “Las finalidades de un análisis del discurso”, con las que concluye que “de fondo para un análisis del discurso político es la de saber en qué medida este es susceptible de revelar en qué consiste la realidad del poder, de un poder que es, en gran parte, acción. La complejidad de las relaciones entre lenguaje y acción, por una parte, verdad y poder, por otra, debería incitarnos a la prudencia, puesto que hay que elaborar un método que permita tomar en consideración estos distintos tipos de relaciones”. (Charaudeau, 2002, pág. 122).

 

Retomando a C. Leforta, agrega: “Lo político es el resultado de los hechos políticos, como actos y decisiones que dependen de la autoridad; de los hechos sociales, como organización y estructuración de las relaciones sociales; de las relaciones de los individuos que viven en sociedad; y, finalmente, de los hechos morales y psíquicos, como prácticas que dependen de sistemas de valores.

 

El análisis del discurso político se relaciona con todos estos componentes en Ia medida en que deposita sus huellas en él. Seria ingenuo pensar que su objeto será dánicamente el contenido ideológico del discurso, a menos que se redefina la ideología. Lo cual significa que este tipo de análisis es a la vez ambicioso y se limita a estas huellas”. (Charaudeau, 2002, pág. 123).

 

Entre los autores trabajados por Charaudeau, seleccionados por su experiencia en el manejo del discurso político,  se encuentran: Habermas, lingüística, Durkheim, padre de la sociología, aunque lo hace de soslayo y a nivel crítico, “lo social divino”, siendo aquí el sujeto el simple delegado de esta voluntad general. (Charaudeau, 2002, pág. 112).

Innegablemente nos encontramos en presencia de una teoría del discurso político francés por los autores referenciados  franceses del siglo XX, de los que va retomando  esta corriente epistemológica francesa  para ilustrar y ejemplificar su desarrollo teórico, entre los precitados,  H. Arendt, Dc Gaulle,  Badiou, Althusser, Pécheux, Foucault, Authier-Revuz, Bonnafus, Teun A. van Dijk y Adorno.

 

Los enfoques franceses, según el análisis del texto anterior reseñado de Paul Chilton y Christina Schaffner,  analizan las diferentes ideologías políticas desde comienzos de la década de 1970 hasta fines de la de 1980;  "lexicometría política", un enfoque estadístico asistido por ordenador dedicado al léxico político Comunista. La segunda tendencia metodológica entre los analistas del discurso político,  la retoma de Althusser, "formación discursiva", tomada de Foucault (1971).

 

“…Al decir de su propio autor (Van Dijk 1994), este participa de distintas filiaciones, Ia neomarxista de Adorno a Habermas, de Ia Escuela de Chicago, de Ia sociolingüística inglesa con Bernstein y Halliday, del análisis del discurso francés, bajo Ia influencia de Foucault y Pêcheux, y del pensamiento de Gramsci en Italia. Van Dijk empezó interesándose en el discurso racista bajo todas sus formas, aun las más indirectas y ocultas, para tratar después de “dilucidar las estrategias de legitimación y construcción de la dominación que... se inscriben dentro del abuso del poder”. (Charaudeau 2001, pág. 122).

 

Es importante destacar que el autor se siente autoridad en el tema, dado que en su texto se remite a citar conceptos fundamentales del discurso político publicados en fechas posteriores,  “…todo discurso se inscribe dentro de cierto marco de acción donde se encuentran determinadas las identidades sociales, los objetivos y los papeles sociales de los socios del intercambio lingüístico. Por consiguiente, este marco (al que llamaremos marco “situacional” o “comunicacional”) comprende un conjunto de imperativos que determinan el confortamiento discursivo de estos socios: posibilidad de tomar  Ia palabra en función del derecho que les es concedido, papeles enunciativos que deben asumir, modos de organización del discurso esperados (Charaudeau 2001: 34-43).

 

 En este marco conceptual se inscribe el proyecto de influencia del sujeto que se comunica. Este procede a una puesta en discurso, en Ia cual combinan las intenciones que le son impuestas por los imperativos situacionales,  y aquellas que corresponden a su propio proyecto de comunicación, en función de la manera como imagina a su interlocutor. Por su parte, el sujeto que interpreta procede a una construcción del sentido del mensaje que recibe, en la que combina los datos del marco situacional que supuestamente conoce, con los datos que percibe en Ia puesta en escena del discurso, como datos propios del sujeto que se comunica”. (Charaudeau, 2002, pág. 110- 111).

 

El texto a reseñar ha servido para aportar nuevos conceptos de la teoría del discurso político como las de “enunciación”, “corpus de textos”, “contextos”, “condiciones de producción”, posibilitando descubrir y determinar un nuevo campo de análisis del lenguaje que ya no se refería a Ia lengua, al estudio de los  sistemas de lengua, sino al discurso, es decir, a los discursos que circulan en el mundo social y que revelan  universos de pensamiento y de valores que se imponen en un tiempo histórico determinado.

 

Invita ciertamente el texto “¿Para qué sirve analizar el discurso político?” de este exponente francés clásico en materia del análisis del discurso político,  a examinar, auscultando las relaciones de dominación que  se inscriben dentro del abuso del poder”, las cuales emergen a través del discurso político de forma soterrada, pero captadas sin ambages por un  analista del discurso del lenguaje político. 

 

Puede considerarse a este discurso como inscrito en una toma de conciencia del aumento de nuevas formas de contrapoder construidas fuera del juego clásico de partidos y sindicatos. Es entonces legítimo que ciertas personalidades políticas promuevan un acercamiento entre los ciudadanos y los órganos de decisión, mediante la escucha y la organización de la expresión de las reivindicaciones, a través de nuevas formas de participación ciudadana, contra una.

 

Desde el punto de vista del discurso,   éste escenifica en el espacio público, se observa que cumple una triple función de ilegitimación de los adversarios, de relegitimación del pueblo y de legitimación del actor político que lo pronuncia. Se observa también que utiliza, para ello, estrategias discursivas que son las de todo discurso político pero gobernadas por el descontrol y el exceso. Por ello diremos que el populismo no es ajeno a la democracia. 

 

Por el contrario, el principio democrático de debate público para constituir una representación mayoritaria es el que abre el campo al discurso populista como medio de seducción de las masas. Por lo tanto no es un régimen político sino una estrategia de conquista o de ejercicio del poder sobre un fondo de democracia, pero de manera exacerbada. Estrategia que maneja el mecanismo de la fascinación como «fusión de sí mismo con un todo exaltante que cristaliza un ideal» En esto el populismo se diferencia del fascismo al que a veces fue asimilado, aun cuando se constata que éste recurre al discurso populista.

 

Bibliografía:

 P. Charaudeau, “¿Para qué sirve analizar el discurso político?”, DeSignis N°2: 109-124. Edición Electrónica en

 

https://www.designisf

 

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                                https://es.slideshare.net/MonManiac/circulo-vicioso-de-la-politica-5233869

 

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